miércoles, 1 de abril de 2009

Ensayo sobre el suicidio en los jóvenes: ¿por qué lo hiciste? Por Jackeline Paz Rivera

Cuando alguien muere, algunos prefieren entender que así lo decidió el destino, que todo fue una sentencia divina o que hubo un complot con el tiempo para que las manecillas del reloj se detuvieran sin la más mínima compasión hacia la víctima. En cambio, si la voluntad de irse de este mundo es propia, muchos se preguntarían porqué lo hizo, lo tildarían de egoísta y descargarían su dolor y su rabia contra ellos mismos al sentirse vendados en una telaraña de verdades superficiales y sufrimientos ocultos. Suicidarse suele ser para muchos la excusa del cobarde, y para otros, la valentía apetecida por la envidia de quien alguna vez lo pensó, pero que nunca fue capaz de hacerlo.

Para hablar del tema principal que escogí, pienso que es necesario empezar por definir el concepto de juventud: qué es ser joven según el autor. También resaltaré los aspectos negativos que caracterizan esta etapa, es decir, las causas principales de suicidio en los jóvenes.
Sonia Muñoz, docente de la Universidad del Valle, argumenta: “nuestros jóvenes piensan que la juventud –en la que por supuesto se incluyen ellos- se caracteriza por encontrarse en una etapa preliminar, de tránsito: es esencialmente un momento de búsqueda, de exploración y de toma de decisiones que ha de tener consecuencias indelebles en el futuro. Se situarían así frente a un horizonte aún no prefigurado del todo, y que sin haber sido hecho por ellos puede, sin embargo, ser definitivo en su vida. No obstante, conciben el mañana como un campo de opciones, frente al que hay que escoger y decidir”[1]. Muchos coinciden en afirmar que la juventud está ligada al desafío constante de cambios emocionales, sociales, culturales y económicos. En esta fase, no existe una preparación personal para asumirlos ya que la experiencia misma se encarga de ello. Por lo general, las decisiones que se toman son equívocas al no tener un pensamiento claro sobre lo que en realidad se espera y se necesita. Aquí la libertad de hacer lo que se venga en gana se vuelve libertinaje y las responsabilidades (estudio, trabajo, hogar) son frenos impuestos que tarde que temprano entenderemos no como obligaciones si no como una necesidad de girar el volante para seguir de forma ordenada el camino.

Para mí, ser joven es tener el rostro en alto y la mirada perdida, es idealizar en un principio y terminar por ser cada día más desconfiados. Es la caída al abismo con la fuerza de voluntad a la derecha, esperando ser tenida en cuenta. Es el rechazo y la incomprensión creada en nosotros como excusa para autodestruirnos. Ser joven, son las alas ocultas en los miedosos y desgastadas en el arriesgado. Irónicamente puede ser…el desenlace voluntario del film que apenas comienza.
Lo ideal sería entender que la vida no es un carrusel de risas perfectas y eternas, ni una caja de regalos donde las sorpresas pierden su nombre con el tiempo, pues las intenciones son siempre buenas, sin el menor espacio para sobres oscuros y poco deseables. Lo usual es jugar con la inocencia de un niño y abrir el cofre a la espera de buenas o malas noticias, de agradables o ingratos momentos. Pero… ¿Por qué algunos no lo ven así? ¿Por qué alguien ve el suicidio como única opción cuando aún queda un as bajo la manga?

Según el sociólogo francés Émile Durkheim: el suicidio es toda muerte que resulta mediata o inmediata de un acto positivo o negativo realizado por la misma persona. Textualmente señala: “Hay suicidio cuando la víctima, en el momento en que realiza la acción, sabe con toda certeza lo que va a resultar de él”[2].

Creo que más allá del acto voluntario de quitarse la vida, el verdadero problema radica en los motivos por los cuales un joven puede llegar a este extremo (si se le puede llamar así). Las desilusiones amorosas, el conflicto familiar, la soledad, la poca aceptación en sí mismos, conllevan a decaer en una depresión profunda que genera tristeza, frustración, desaliento y poca concentración. Cabe anotar que, las drogas y el alcohol, también son factores importantes que desestabilizan el comportamiento en los jóvenes, si se está acompañado de una profunda depresión[3].

Una de las principales causas suicidas es el desamor. Bien dicen que el amor no usa lentes cuando en verdad si los necesita. Es la dependencia misma que tenemos hacia los demás lo que nos vuelve vulnerables ante otros. Muchos salen “librados” cuando este cuento de hadas se acaba, ya sea por infidelidad, desapego por parte del otro o falta de interés en la relación. El dilema está cuando la chispa se extingue y no nos sentimos capaces de continuar sin el otro, sencillamente porque todo el tiempo construimos nuestra existencia, bajo la sombra idealizada de alguien.

Para terminar, no creo que haya porque juzgar a quien atente contra su vida, a pesar de la supuesta autonomía de pensar y actuar como se quiera. El suicidio es un proceso lento e inconsciente que desencadena (si no es tratado a tiempo) en el sueño eterno del que jamás se despertará: la muerte.

[1] Muñoz, Sonia (2000). Jóvenes en discusión: sobre edades, rutinas y gustos en Cali. Santiago de Cali. Colombia.
[2] http://www.monografías.com/.
[3] Alguien, sin necesidad de tener alguna intención suicida en su estado normal, al estar bajo el efecto de estupefacientes, puede generar en él, el impulso de quitarse la vida.

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